Historia

 

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Encontramos Villamanrique de la Condesa a 29 metros de altitud sobre el nivel del mar, a 36 kilómetros suroeste de Sevilla, capital de Andalucía, y con 57,43 kilómetros cuadrados de superficie municipal. Su enclave, a caballo entre el Aljarafe y la Marisma, y las características de su emplazamiento, indican la antigüedad y la dilatada historia de esta población.

Villamanrique, ribereña del Lacus Ligustinus, fue considerada siempre frontera natural de las marismas del Guadalquivir, puerta principal de los cotos de Lomo de Grullo y Doñana y antesala del Rocío. Primitivamente se llamó Mures y con esa terminología perduró durante las diversas épocas históricas: tartésica, fenicia, ibero-turdetana, romana y árabe. De todas estas culturas quedan importantes vestigios arquitectónicos en las tierras manriqueñas. Mures se encuentra hoy más próxima a la cultura tartésica y parece estar relacionada con la palabra “murena”.

Junto a la antigua desembocadura del Maenoba (Guadiamar) se señala una cota geográfica, para algunos el Fani-Prominens, conocida por Regatero, quizás remembrana lingüística del nombre del rey tartesio, Therón o Geryón.

Del s. VI a.C., se descubrió en 1.978 en esta villa la única inscripción en piedra hasta ahora conservada: la Estela tartésica de Villamanrique. El hallazgo de la Estela Tartésica de Villamanrique, ocurrió el 22 de marzo de 1.978 y se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla, en la sala XI (RDO-8894). Sus descubridores son los vecinos manriqueños Manuel Zurita Chacón y Manuel Carrasco Díaz, que la encontraron en el sitio denominado Chillas, término municipal de Villamanrique de la Condesa. Según sus características morfológicas estamos ante fragmento de piedra arenisca bermeja y compacta de 0,69 x 0,60 x 0,28 m.; en uno de sus ángulos posee una inscripción tartésica que discurre entre dos líneas paralelas, que forman un semicírculo imperfecto, cuya lectura es de forma sinextrosa, es decir de derecha a izquierda.

La importancia de la Estela, tanto documental como arqueológica, ha sido equiparada a otros monumentos significativos de la cultura andaluza de la antigüedad como por ejemplo, el Tesoro del Carambolo. Representa uno de los testimonios de la más primitiva lengua indígena hispana conocida. El uso de la escritura supone un importante grado de cultura, por lo que nos atrevemos a afirmar que Andalucía entra en la historia a través de la Estela de Villamanrique.


Una zona que ha sido un auténtico trajín de civilizaciones. Villamanrique ha sido asiento para algunas tribus calcolíticas y de finales de la Edad de Bronce. Así lo atestiguan los muchos hallazgos arqueológicos estudiados, siendo uno de los yacimientos más importantes el situado en el Cerro del Chillar. En la época fenicia existió un poblado con factoría dedicada a la extracción de la tintura para la púrpura.

Sin embargo, la fundación del núcleo actual de Villamanrique de la Condesa la llevaron a cabo los andalusíes, que establecieron una alquería en este terreno. Durante esta época debió estar muy poblada, conociéndose la existencia de varios barrios, como el de Harat-Algema y el de Beni-Moslema. De este periodo es una jarra califal de extraordinaria belleza, que también se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Sevilla. Tras ser conquistados a los musulmanes los territorios de Villamanrique de la Condesa por Alfonso X el Sabio el 10 de junio de 1253, el rey otorgó posesiones a Pelay Correa, Maestre de la Orden de Santiago. Durante el reinado de Enrique III en 1399, se unificaron la villa de Mures y las aldeas de Chillas y Gatos. Con el cambio de dueño que supuso la Reconquista, el rey Fernando III de Castilla entregó esta zona a su guardia personal armada, el cuerpo de los Monteros del Rey. De este modo se organizó el que se cita como Barrio de los Monteros en diversos papeles oficiales.
En 1539, con Carlos I la villa pasa de las manos de la Orden de Santiago a las del duque de Béjar, don Francisco de Zúñiga y Guzmán. Bajo los Zúñiga la villa creció en importancia y Felipe II creó el marquesado de Villamanrique para Alvaro Manrique de Zúñiga, pasando la villa a llamarse en su honor, a partir del 24 de marzo de 1577, Villamanrique de Zúñiga. Se construyó entonces el palacio y un convento de franciscanos hoy desaparecido. Con el paso del tiempo, el señorío de Villamanrique pasó a los marqueses de Astorga, que por matrimonio refundieron más tarde esta casa con el condado de Altamira. Bajo jurisprudencia de los condes de Altamira permaneció la población hasta la abolición de los señoríos en el año 1837 y la consecuente creación del Ayuntamiento constitucional de jurisdicción ordinaria.

En el año 1859, el Duque de Montpensier (hijo de Luis Felipe Alberto de Orleans) compró la gran extensión de terrenos desde Gatos hasta la Aldea del Rocío y la Casa-Palacio de los Altamira. Así pues, por Real Decreto de 27 de junio de 1916, se cambió el nombre del municipio a Villamanrique de la Condesa, en honor de la hija de los Duques de Montpensier, doña María Isabel de Orleans, condesa de París.

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